En Sidi m´barek fui feliz, mucho.

sidi m'barek

Hay quien ansía la belleza, otros la inteligencia o la fuerza, quien quisiera ser más prudente u honesto, altruista o humilde…

Sin embargo, en los últimos días, dando un repaso a mi vida he comprendido que tengo un don fuera de lo común y es que reconozco la felicidad al primer vistazo y soy capaz de guardar esos momentos y hacer que duren…

Casi nada… y casi todo

No es corriente y se que a menudo esos momentos pasan desapercibidos para quien está a mi lado, pero no para mi.

No me entiendan mal, no lo digo por presumir, si no por compartir lo necesario que es vivir conscientemente y saborear cada instante.

El tiempo es importante, mucho, demasiado como para dejarlo correr sin más.

{Foto: Hache}
 
 

Durante nuestro viaje a Marruecos hubo colecciones enteras de momentos memorables: el amanecer en Marrakech, los paseos por la Medina de Essaouira, las clases de foto en mitad de la playa, practicar yoga en lo alto de las dunas al filo del anochecer, disfrutar de la excepcional luna de sangre, gritar como locas subidas en quads junto al mar…

Ya les dije que hubo muchos…

Pero sin embargo hubo un momento con nombre propio que me hizo estremecer:

Sidi m´barek
{Foto: Hache}
Sabía que íbamos a fotografiar el anochecer, imaginaba que en una playa cercana, pero la verdad es que no pregunté.
De camino recogí algunas flores para nuestro cuaderno de viaje y entre risas fui charlando con unos y con otros mientras esquivábamos el riachuelo que guiaba nuestro camino.
Junto a la pequeña cascada se levantaba una enorme duna. Algunos se adelantaron y subieron para tirarse al modo croqueta, adivinan quién?
Si por supuesto ellas… jajaja…
Eva y Carol tienen un olfato de primera para la diversión.
Y yo las seguí, no para tirarme, sino por curiosear…

Y al llegar arriba me di cuenta de que la duna no era una duna, sino un mar entero de fina arena que se extendía hasta donde alcanzaba mi vista.

Fue entonces cuando el corazón se me empezó a alborotar y seguí andando y andando hasta que la belleza de aquel lugar era tan inmensa que las lágrimas, aunque yo no quería, tuvieron que salir…

Y entonces llegó el horizonte, y tras él, el mar…

 

{Foto: Álvaro Sanz}

Quizá sea un tema de nombres, pero yo a esto le llamo felicidad…

Y lo mejor, es que hoy cuando cierro los ojos se me dibuja una sonrisa porque ese momento, junto a otros de mi colección, sigue ahí para ser rescatado cuando mi don poco corriente se desinfla…

 
Dice un viejo proverbio árabe que “Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan.
 
Quizá mi corazón es un poco árabe… Insha’ Allah.
 
Mil besos y hasta pronto…
 

Escrito por: Isabel

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