Viajar con niños: Berlín…

A nosotros nos gusta viajar con los niños a cuestas, así que hace ya un mes, si es que el tiempo pasa volando!!!… nos fuimos los cuatro a disfrutar de una escapada de cuatro días a Berlín.

Nuestros niños se portan genial cuando salimos, pero también es verdad que los niños, como los mayores, son animales de costubres, y los nuestros están más que acostubrados a ir a los mismos sitios que sus padres y nos han salido todo lo viajeros que nuestros bolsillos se pueden permitir.

Sólo se han perdido nuestro viaje a NY, Marina porque todavía no había nacido, y Fran porque era un viaje con amigas y el rollo era disfrutar de la Gran Manzana día y noche.

Me gusta hacer escapadas en pareja y recordar que eso es lo que somos, una pareja, porque a veces, con el jaleo diario, se nos olvida que somos personas más allá de papá y mamá.

Sin embargo también me encanta viajar en familia porque es lo que he mamado en casa y creo que por eso me gusta tanto. Mis padres nos han permitido conocer de su mano remotos lugares que de otro modo quizá nunca hubieramos llegado a conocer. Y por el camino me han enseñado también que no hace falta hacer maletas para reconocer la belleza cercana y que sólo es necesario tener una cabeza viajera para viajar.

Y esa sensación, la de descubrir el mundo juntos, me flipa y quiero inculcársela a mis hijos desde la cuna.

Y en eso estamos…

Berlín es una ciudad cargada de historia y de una historia tan cercana y dura que nos duele oirla.

Aunque la ciudad mira al futuro, un cicatriz la recorre y la parte en dos, porque aunque el muro ya no existe, sus cimientos no han sido borrados para no olvidar el horror.

El monumento al Holocausto ocupa un solar inmenso en pleno centro de la capital alemana.

Sobrecogedor…

viajar con niños

Muy cerquita de allí hay un pequeño aparcamiento rodeado de bloques de pisos, y unos metros por debajo es donde se encontraba el bunker donde Hittler se quitó la vida. A Fran pequeño le entraron ganas de hacer pis justro cuando estábamos allí y me pareció perfecto dejarle que lo hiciese sobre la última morada del señor malo del que le acabábamos de hablar en el monumento al Holocausto.

Y como cuando viajas con niños hay que hacer cosas de niños, jugamos al futbol…

Jugamos al fútbol mucho…

Y lo hicimos frente a la catedral, en la Puerta de Brandemburgo, en millones de calles de nombres impronunciables y en cada uno de los parques que nos encontrábamos al pasar…

Visitamos Legoland… Un atraco a mano armada que no deja de ser un parque de bolas de toda la vida. Pero qué queréis que os diga? a ellos les encantó y volverían mil veces, así que nosotros lo pagaríamos mil veces también…

Y precisamente porque viajábamos con niños, decidimos visitar un único museo… así que toco elegir, y acertamos.

A quien le guste el arte antiguo tiene que ir a Berlín. El Altar de Pérgamo, la puerta del Mercado de Mileto y la Puerta de Ishtar de Babilonia están allí… así enteritas y como si nada se las han llevado tal cual y las han plantado en el maravilloso y alucinante Museo de Pérgamo.

Cuando atravesé la puerta del Mercado de Mileto, me volví y ví la puerta de Isthar… lloré, se me pusieron los pelos de punta, recordé todas y cada una de las palabras que salían de la boca de mi profesora de Arte de C.O.U. cargadas de kilos de pasión y me temblaron las piernas…

Ni esta, ni ninguna de las fotos que hayais podido ver se corresponden con la grandiosísima realidad. 4000 años de historia que a mi me hicieron llorar y temblar…

Y aunque viajar con niños mola mucho, ellos también se cansan, así que nuestra silla de viajar, nos viene genial para estos menesteres…

El barrio judío es una zona llena de patios interiores con tiendas preciosísimas llenas de boniteces que no te puedes perder si visitas la ciudad.

Al ser una ciudad llanita es perfecta para las bicis, y también para los carros de bebés…

Berlín está llenito de puentes que hay que cruzar una y otra vez, así que los rincones preciosos se suceden uno tras otro…

Y como nuestra visita fué durante un fin de semana no podíamos dejar de visitar alguno de los famosos mercadillos de Berlín.

Elegimos Flohmarkt de Mauerpark. No sé cómo serán los demás, pero este es para alquilar un trailer (con una furgoneta no llegaría) e irse conduciendo hasta Mauerpark y traérslo crudito todo hasta el salón de nuestra casa.

Como en esta ocasión nos olvidamos el trailer, tuvimos que pasar de los muebles, pero me vine con una cámara de fotos viejita que me hace muy feliz.

Y cuando salimos del paraíso hipster, mientras que paseábamos por Oderberger Straße, nos encontramos con unos deliciosos niños que habían puesto a la venta miles de tesoros y que jugaban a tener su propio mercadillo.

El precio era libre.

A Fran le gustaron sus cartas de Cars, así que les ofrecimos un euro, y se ilusionaron tanto que creo que estoy en condiciones de asegurar que fuimos su primera venta de aquella mañana de domingo.

Por supuesto visitamos el muro y más, mucho más… porque Berlín da para mucho más, así que esta no será la última historia berlinesa que os cuente…

Mil bss y hasta otro día…

Escrito por: Isabel

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